noviembre 03, 2009

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" Había sido intransigente justamente en aquello que era más fácil: mostrarse a sí misma su fuerza e indiferencia,
cuando en verdad era una mujer frágil, que jamás había conseguido destacar en los estudios, ni en las competiciones deportivas de su escuela, ni en su tentativa por mantener la armonía en su hogar.
Había superado sus defectos más leves sólo para ser derrotada en lo que era
importante y fundamental. Había conseguido tener la apariencia de mujer independiente
cuando en verdad necesitaba desesperadamente una compañía. Llegaba a los sitios y
todos la miraban, pero generalmente terminaba la noche sola, en el convento, mirando
una televisión que ni siquiera sintonizaba bien los canales. Había dado a todos sus
amigos la impresión de ser un modelo que ellos debían envidiar, y había gastado lo mejor
de sus energías en comportarse a la altura de la imagen que ella se había creado.
Por causa de eso nunca le habían sobrado fuerzas para ser ella misma: una persona
que, como todas las de este mundo, necesitaba de los otros para ser feliz. ¡Pero los otros
eran tan difíciles! Tenían reacciones imprevistas, vivían rodeados de defensas, actuaban
también como ella, mostrando indiferencia en todo. Cuando llegaba alguien más abierto a
la vida, o lo rechazaban inmediatamente o le hacían sufrir, considerándolo inferior e
ingenuo.
Muy bien: podía haber impresionado a mucha gente con su fuerza y determinación,
¿pero adónde había llegado? Al vacío. A la soledad completa."

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