"—Eduard, tú ya estás en edad de asumir la responsabilidad de tu vida. Hemos
aguantado todo lo posible, pero es hora de acabar con esta tontería de querer ser pintor y,
por el contrario, dar un rumbo a tu carrera.
—Papá, ser pintor es dar un rumbo a mi carrera.
—Estás ignorando nuestro amor, nuestros esfuerzos por darte una buena
educación. Como tú no eras así antes, sólo puedo atribuir lo que está pasando a una
consecuencia del accidente.
—Puedes estar seguro de que os quiero más que a cualquier otra persona o cosa en
la vida.
El embajador carraspeó. No estaba acostumbrado a manifestaciones de cariño tan
explícitas.
—Entonces, en nombre del amor que nos tienes, por favor, haz lo que tu madre
desea. Deja por algún tiempo esta manía de la pintura, búscate amigos que pertenezcan
a tu nivel social y vuelve a los estudios.
—Tú me quieres, papá. No puedes pedirme eso porque siempre me diste un buen
ejemplo luchando por aquello que querías. No puedes querer que yo sea un hombre sin
voluntad propia."
noviembre 03, 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 C o m m e n t s:
Publicar un comentario