septiembre 23, 2009

Standard

—Limítate a soltarlo, y terminemos de una vez.
Inhalé un gran trago de aire.
—Siento ser tan mala persona —murmuré—. Lamento haber sido tan egoísta. Desearía no haberme encontrado nunca contigo para no herirte como lo he hecho. No lo haré más, te lo prometo. Me mantendré apartada de ti. Me mudaré fuera del estado. No tendrás que volver a verme nunca jamás.
—Eso no se parece en nada a una disculpa —replicó con amargura.
No pude elevar mi voz por encima del sonido de un susurro.
—Dime cómo se hace bien.
—¿Qué pasa si no quiero que te vayas? ¿Qué pasa si quiero que te quedes, seas egoísta o no? ¿Acaso no tengo opinión si lo único que haces es ponérmelo cada vez más difícil?
—Eso no serviría de nada, Jake. Es un error que sigamos viéndonos cuando ambos queremos cosas distintas por completo. La situación no va a mejorar. Seguiré haciéndote daño y odio hacerlo —se me quebró la voz.
Él suspiró.
—Detente. No tienes que decir nada más. Lo comprendo.
Quería decirle cuánto le echaría de menos, pero me mordí la lengua. Eso tampoco ayudaría en nada. Se quedó quieto un momento, con la vista clavada en el suelo, y luché contra la necesidad acuciante de ir a abrazarle para darle consuelo.
Y entonces su cabeza se irguió de manera repentina.
—Bien, tú no eres la única capaz de sacrificarse a sí misma —repuso, con la voz más fuerte—. A ese juego pueden jugar dos.
—¿Qué?
—Yo también me he portado bastante mal y te lo he puesto más difícil de lo necesario. Podía haberme retirado con elegancia al principio..., y también te he hecho daño.
—Ha sido culpa mía.
—No voy a dejar que cargues tú con todas las culpas, Bella, ni con toda la gloria. Sé cómo redimirme.
—¿De qué estás hablando? —inquirí.
Me asustaba el brillo fanático que de pronto había iluminado sus ojos. Alzó la vista al cielo; luego, me sonrió.
—Se cuece por ahí una lucha encarnizada de veras. No sería tan difícil que yo cayera en ella.

0 C o m m e n t s: