abril 05, 2011

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(...)Su muerte anulo no solo la idea de magia sino también, o eso le pareció a Bobby, la finalidad misma de la infancia. ¿De que servia si el futuro le deparaba a uno cosas como esa? Tener la vista cansada o la tensión alta era una cosa; pero tener malas ideas, malos sueños y malos finales era otra muy distinta. Al cabo de un tiempo uno sentía deseos de decirle a dios "venga, Grandullón, dejemoslo ya." Al crecer se perdía la inocencia, de acuerdo, todo el mundo lo sabia, pero ¿Era inevitable perder también la esperanza? ¿De que servia besar a una niña a lo alto de la noria a los once años si once años después uno abrí el periódico y descubría que había muerto en el incendio de una sórdida casucha en un sórdido callejón? ¿De que servia recordar la expresión alarmada de sus bellos ojos o el modo en que brillaba el sol en su cabello?. (...)

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